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miércoles, 25 de enero de 2012

El femicidio, un delito específico con pena propia


En los delitos considerados como violencia de género, el sujeto activo puede ser tanto el hombre como la mujer, aunque en los últimos tiempos los maridos o ex maridos de las víctimas han liderado cómodamente una estadística que nos consterna. La crónica policial diaria da cuenta de ello y el resabio “machista” ha salido a la superficie de esas enfermizas relaciones de pareja, en las que el hombre considera que la mujer es un objeto de su propiedad y por ende dispone de ella, inclusive de su vida. Porque más allá de cualquier motivación que dijeran o pudieran tener, degradan, amenazan, acosan, golpean, lastiman y en casos extremos eliminan a la mujer que no se somete a sus designios.

Para estos sujetos el maltrato hacia la mujer es un modo de vida, que no pocas veces se agrava con la ingesta de alcohol y drogas

Ello sucede porque estos hombres suprimen la posibilidad de que las mujeres ejerciten su libre albedrío y mediante violencia les quitan toda identidad, subsumiéndolas a un simple objeto, sólo eso. Dentro de la compleja estructura mental de estas personalidades violentas, el maltratador suele pensar que está en un estrato superior al de la mujer, sentimiento generalmente arraigado en sus vidas desde pequeños y seguramente generados por ejemplos directos de sus familiares u otro tipo de cuestiones de neto corte cultural.

Para estos sujetos el maltrato hacia la mujer es un modo de vida, que no pocas veces se agrava con la ingesta de alcohol y drogas. Pero lo cierto es que estas conductas, que se producen en todos los ámbitos sociales, no son justificables desde ningún argumento cultural, de práctica religiosa o tradición ancestral.

Resultan inadmisibles y debe ponérseles un freno contundente desde la ley penal cuanto antes, sin perjuicio de destacar que el sistema penal ataca sólo el efecto de las acciones, pero nunca sus causas, las que deben ser abordadas multidisciplinariamente a través de normas y equipos especializados, con profesionales idóneos en las distintas disciplinas que componen el tratamiento de estas patologías sociales, y al mismo tiempo la implementación de abordaje del tema en la currícula de los distintos niveles educacionales y en los estratos intermedios de nuestra sociedad.

ruben sarlo

PROYECTOS LEGISLATIVOS

La gran escalada de violencia con tantas mujeres víctimas de homicidio por parte de sus parejas, trajo de la mano la inquietud de diversos sectores políticos y sociales que impulsan proyectos para crear una figura penal típica que considere el “femicidio”. Genéricamente se lo define como la muerte que un hombre inflinge sobre la mujer, por la condición de ésta. Y si bien en la Cámara baja nacional se han presentado siete trabajos, podemos agruparlos en dos modalidades legislativas posibles de utilizar para viabilizar esa nueva norma punitiva.

Por un lado, una tesis plantea agregar el femicidio como un inciso más de los homicidios agravados en el artículo 80 del Código Penal, en el capítulo de los Delitos contra la Vida. Para esta posición, su redacción podría ser así: “Incorpórase al art. 80, como inciso 11, el siguiente texto: ‘(al que matare) a una persona de sexo femenino por su sola condición de tal, cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y motivado y/o cometido en alguna/s de las siguientes circunstancias: a) por odio o desprecio en razón del género de la víctima o sentido de posesión, b) tras haber pretendido infructuosamente establecer una relación sentimental con la víctima, c) si la víctima fuera una persona especialmente vulnerable, d) en un contexto de violencia de género’”. Este tipo de homicidios se penaliza con prisión perpetua.

Por otro lado, estamos quienes sostenemos la conveniencia de acuñar una figura típica autónoma, con mayor pena que la perpetua establecida en el art. 80 citado (que, conforme al art. 65 del Código Penal, es de 20 años de prisión). Hago mía la redacción propuesta por la diputada Fernanda Gil Lozano: “Se aplicará pena de prisión de entre 12 y 35 años, a quien diera muerte a una mujer por su condición de tal, valiéndose de cualquiera de las siguientes circunstancias: haber pretendido infructuosamente establecer o restablecer una relación de convivencia, de intimidad o noviazgo con la víctima; mantener en la época en que se perpetre el hecho o haber mantenido con la víctima relaciones familiares, conyugales, de convivencia, de intimidad o noviazgo, amistad, compañerismo y/o relación laboral; como resultado de la reiterada manifestación de violencia contra la víctima; como resultado de ritos grupales usando o no armas de cualquier tipo; en menosprecio del cuerpo de la víctima para satisfacción de instintos sexuales, o cometiendo actos de mutilación genital o cualquier otro tipo de mutilación; por misoginia (aversión u odio a las mujeres).

El art.55 del Código Penal permite un máximo para aplicación de la pena de prisión de 50 años. Es imprescindible sancionar estos gravísimos hechos delictivos mediante la creación de una figura legal autónoma con una escala de pena mayor a la que corresponde a los homicidios calificados, pues aquí prima la cuestión del género como detonante principal.

En la Argentina del siglo XXI no se puede permitir semejante barbaridad, esto es lisa y llanamente inconcebible. Los fiscales y jueces del Fuero Penal necesitamos esta herramienta para poner manos a la obra y utilizar la aplicación de montos de pena ejemplares -acompañados con los tratamientos sicológicos y psiquiátricos correspondientes- como uno de los elementos idóneos para revertir la tendencia femicida que hoy va en franco incremento.



(*) Fiscal de Juicios de La Plata
http://www.eldia.com.ar/edis/20120120/el-femicidio-delito-especifico-pena-propia-opinion3.htm

Hay tres proyectos de ley

Posted: 24 Jan 2012 05:38 AM PST
Se abre el debate sobre el femicidio en Latinoamérica

Cinco países de América latina han tipificado penalmente el homicidio de mujeres por razones de género, mientras que en Argentina hay tres proyectos de ley para que el femicidio sea incluido como figura penal.

Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Chile y Colombia son los países con legislación de estas características.



En tanto, las legisladoras con mandato cumplido, Cecilia Merchán, por un lado, y Fernanda Gil Lozano, por el suyo, presentaron iniciativas en ese sentido, a la que se suma otra de la diputada Margarita Stolbizer.



El femicidio está reglamentado -con variantes- en Chile, Costa Rica, Guatemala y El Salvador.



Las leyes de Costa Rica y Chile sólo hablan de femicidio en relaciones de pareja, en tanto las de Guatemala y El Salvador incluyen también los asesinatos cometidos por personas desconocidas por la víctima.



En el caso de Colombia, se trata de una modificación de Código Penal que, si bien no emplea el término feminicidio o femicidio, posee un articulado que contempla como agravante de homicidio “si se cometiera contra una mujer por el hecho de ser mujer”.



Este último mes, la Cámara de Diputados de México realizó una serie de reformas a leyes y códigos y tipificó el femicidio como un delito que se castigará con penas de 40 a 60 años de prisión.



Si bien tiene que pasar el trámite del Senado, resulta un caso emblemático por la historia de muertes de mujeres que hicieron conocida mundialmente a la ciudad mexicana de Ciudad Juárez.



La Casa del Encuentro, una de las primeras organizaciones sociales que realizó el pedido de incorporación del femicidio en el Código Penal argentino, reveló que entre enero y octubre de este año 237 mujeres fueron asesinadas, un 10% más que el mismo período del 2010.



Ante esta realidad, la iniciativa de incorporar la figura del femicidio/feminicidio tomó nuevo impulso en Argentina, donde un primer debate se centra en el término: femicidio o feminicidio.



La Casa del Encuentro prefiere la utilización de “femicidio” porque “es político, es la denuncia a la naturalización de la sociedad hacia la violencia sexista”.



Lo define, además, como “una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres, que es el asesinato cometido por un hombre hacia una mujer a quien considera de su propiedad”.



Asimismo, recuerda que el significado fue desarrollado por la escritora estadounidense Carol Orlock en 1974 y utilizado públicamente en 1976 por la feminista Diana Russell ante el Tribunal Internacional de los Crímenes contra las Mujeres, en Bruselas.



Por su parte, la jurista boliviana Julieta Montaño -en el documento “Contribuciones al debate sobre la tipificación penal del feminicidio/femicidio”, editado por CLADEM- afirma que etimológicamente “el femicidio sería el concepto análogo a homicidio” y reconoce que otra corriente de pensadoras consideran que la palabra “no da cuenta de la complejidad ni de la gravedad de los delitos que atentan contra la vida de las mujeres por su condición de género”.



Por eso, muchas especialistas se inclinan por “feminicidio”, definido por Naciones Unidas como “el asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género que ocurre tanto en el ámbito privado como público”.



Una de las referentes de esta corriente es la antropóloga feminista mexicana Marcela Lagarde, para quien el feminicidio “es sistémico; es el asesinato cometido por un hombre donde se encuentran todos los elementos de la relación inequitativa entre los sexos”.



El documento de CLADEM reúne opiniones de distintas juristas latinoamericanas, donde el reclamo unánime es desarrollar una doctrina penal con perspectiva de género.



Un ejemplo reciente es el fallo del juez de Garantías de Lomas de Zamora, Gabriel Vitale, quien imputó a Mario Santillán por “homicidio calificado”, por haber sido cometido en “el marco de la violencia contra la mujer”.



La víctima fue Fátima Catán, quien estaba embarazada en agosto de 2010, cuando murió luego de ser quemada.

17 de diciembre 2011

http://www.telam.com.ar/nota/10535/

lunes, 12 de diciembre de 2011

BASTA DE VIOLENCIA DOMESTICA

OTRO CASO MAS Y VAN...

09:05 : Una mujer de 40 años fue asesinada a golpes en su casa de la ciudad bonaerense de 9 de Julio, y por el crimen fue demorado su marido, quién será indagado en las próximas horas, informaron fuentes policiales a Online-911.

La víctima fue identificada como Sandra Villalba, quien trabajaba como barrendera en la Municipalidad de 9 de Julio.

Fuentes policiales informaron que el hecho, que se conoció hoy, ocurrió el sábado pasado en una casa de la calle Azcuénaga al 800. El cuerpo de la mujer fue encontrado por su hijo, quien automáticamente acusó a su padre, identificado como Héctor Gamela.

Según los primeros estudios periciales, Villalba fue asesinada a raíz de los fuertes golpes que sufrió en la cabeza.

De acuerdo con la versión policial, la mujer fue atacada con un elemento contundente.

La policía, que instruyó actuaciones por "homicidio", dio intervención al fiscal Pedro Illanes, titular de la UFI 3 de Mercedes, quien en las próximas horas indagará a Gamela, quién está alojado en la comisaría de Dudignac.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Violencia de género, violencia estructural




¿Qué coeducación? ¿La de entregarles un tríptico y darles charlas donde informarles que insultar a los homosexuales y pegar a las mujeres es una cosa muy fea?
Desde Helena de Troya a Eva la del Paraíso, desde el divertido politeísmo hasta el atosigante monoteísmo, el relato mítico siempre la describe cagándola en el momento más inoportuno. Pobre Paris y pobre Adán. Por aquella, miles de griegos y troyanos perdieron sus vidas; por ésta, todos venimos a este mundo en pecado, el «original», un pecado mortal que condena a los no bautizados en la fe cristiana al fuego eterno.

¿Quién, si no, en la huida de los malos, siempre, hállese en verde pradera o árido pedregal, indefectiblemente se tuerce el tobillo? La mujer, ese ser tonto y torpe de nacimiento. La Mujer, en singular, construida por el discurso patriarcal del que fue creado por Dios a su imagen y semejanza. Es decir, con falo. Por cierto... ¿Qué hará Dios con su polla?

El imaginario masculino no ha sufrido grandes transformaciones. Pese al cambio formal de algunas leyes -conquista de la lucha feminista-, en el ámbito de lo real los usos y costumbres están marcados a fuego por el proceso de aprendizaje de nuestros roles de género. Nosotros no lloramos y ellas, las que visten de rosa, han de dejarse salvar aunque al principio no quieran y, para ello, sea necesario forzarlas.

Si en el siglo XIX el paradigma burgués femenino, como relata la literatura de la época, podía resumirse en ser dama en el salón, reina en la cocina y puta en la cama, ámbitos privados donde las mujeres de la clase dominante estaban presentes, en el XX, con nuevos medios de comunicación como el cine y la televisión, un abanico de posibilidades, en apariencia mayor, se abren para las que soportan medio cielo: damisela en apuros, femme fatale, puta redimida, mater amantísima, neumática pornostar con múltiples orificios a rellenar, anoréxica modelo o ingenua chica sexy deseosa de chico un poquito malo. Vive como quieras, pero en función del deseo de Él.

Nuestras autoridades parecen asombradas por el número de asesinadas por sus novios, maridos o ex maridos. La violencia de género persiste entre adolescentes que han crecido con la coeducación, nos dicen. ¿Qué coeducación? ¿La de entregarles un tríptico y darles charlas donde informarles que insultar a los negros, escupir a los homosexuales y pegar a las mujeres es una cosa muy fea? Mientras por televisión anuncian un muñeco que hace cacas y mocos para delicia de una sonriente niña y se identifican con los participantes de «Mujeres y Hombres y Viceversa» o cualesquiera de los llamados realitys, donde una serie de idiotas morales son introducidos en una casa, isla, corral o lo que sea para demostrar el extremo de decadencia y sexismo al que puede llegar un ser humano.

Vuelven los cómodos tacones de 15 centímetros que te hacen más esbelta para los hombres. Si el maquillaje es fundamental para acudir al instituto, si las tetas, aun de silicona, son imprescindibles para lograr el Paraíso, si la cosificación de la mujer resulta necesaria para lograr la visibilidad ante el varón y lo importante, desde Dios hasta el fútbol, es cosa de hombres, pueden ustedes condenar cada crimen o agresión las veces que quieran.

grupo la tortuga

domingo, 4 de diciembre de 2011

Matan a una, matan a todas





Este domingo el diario El Tribuno advirtió sobre el incremento de femicidios en todo el país. Incluso se recordó que, en los últimos 10 meses del año, 233 mujeres fueron asesinadas. A estos crímenes todavía hay que sumarles los asesinatos de sus hijos o familiares cercanos. Ayer la estadística de que cada 31 horas se asesina a una mujer en el país tuvo un salto escalofriante. En La Plata descubrieron los cuerpos de cuatro mujeres asesinadas en su casa a cuchilladas. Una ellas es una niña de 11 años, además se encontró a su abuela de 63, su madre de 30 y una amiga de ésta, también de 30 años”.


(APe).- Asesinar por “ser”. Ser negro, comunista, gitano, judío, musulmán, cristiano, ateo, lindo, feo, barra mansa, joven, viejo. Pensar al genocidio como crimen de lesa humanidad implica que es la propia condición humana, la humanidad fundante, la que es avasallada cuando este crimen se ejecuta. La cuestión no circula porque se lo hace, aquello que necesita el discurso justificatorio de todo “cruel que arranca el corazón con que vivo”. Los victimarios de la historia siempre han tenido diferentes versiones del “por algo será”, del “algo habrá hecho”. El hacer del otro justifica mi propio hacer castigador, torturador, extirpador. El victimario siempre dice actuar en defensa de valores abstractos, para los cuales es necesario eliminar antivalores materiales. Para sostener “ideales”, se masacran personas. Por lo tanto, toda lucha deviene cruzada, incluso con los aditamentos de purificadora, salvadora, beatífica. El genocidio es la puesta en acto de una certeza delirante donde el Poder y la Verdad se fusionan. No todo “ser” merece la oportunidad de existir. Algunas existencias deben ser erradicadas, justamente para impedir que un ser malignizado ose anidar en ellas. Hay un “ser” nacional que debe ser custodiado, protegido, defendido. Pero no todos son portadores sanos de ese “ser”. Por eso los custodios del santo grial de las existencias dignas velan con la espada para que “dejen de ser”. Toda la tradición reaccionaria de Occidente y gran parte de Oriente considera a la existencia de la mujer como portadora de un ser que sólo encuentra su dignidad cuando acepta, o sea, se somete, a engendrar otro ser. Mandato divino que arrasa con el propio deseo de la mujer, porque no se trata de su existencia concreta sino de la misión de su “ser”, en la cual ella nada tiene para decir. La paradoja que para la cultura represora deviene siniestra es que para que el “ser” engendre otro “ser”, tiene que encarnarse en una existencia sexuada. Y que debe someterse a los mandatos que habilitan una sexuación que pueda concebir sin pecado. Es decir, legitimada por un sacramento. La propiedad privada de la mujer es sostenida por un varón que representa y restituye un Orden Patriarcal. Jerárquico, naturalizado, represor. Ese orden patriarcal habilita el “ser para la reproducción” pero mutila el “ser para el placer”. Expropiada la mujer de su placer, incapacitada por siglos de sometimiento a enfrentar en su nivel fundante al Orden que le formatea la existencia, queda enajenada en el único rol y función que respetabiliza su ser: ser madre. Los otros destinos a los cuales pudiera orientar su existencia, son tabúes que castigan el mínimo intento de ignorarlos. Henrik Ibsen, el genial dramaturgo, lo expuso con belleza y contundencia en “Casa de Muñecas”. La frustración sistemática y planificada en la mujer genera una frustración análoga en el varón. Pero los destinos de ambas frustraciones se separan: mientras en la mujer la frustración sostiene la sexualidad reprimida, en el varón es uno de los cimientos de la sexualidad represora. “Nunca lo hubiéramos sospechado”, como escribió Freud al referirse al inconciente represor. La sexualidad represora (pornografía, prostitución, pedofilia, denigración erótica, etc) es sostenida desde los paradigmas de una sexualidad reprimida. No es casual que el significante “puta” designa tanto a la mujer que comercializa su sexo como a la que reinvindica su potencialidad deseante por fuera del corralito matrimonial. La miseria sexual de las masas se sostiene tanto desde la sexualidad reprimida como de la represora. El Orden Patriarcal no solamente formatea la existencia de la mujer, sino que ordena al varón que debe someter a las mujeres. Que deberá conquistarlas para que frente a la cofradía de varones, pueda exhibir una virilidad pura y contundente. Una falla real o simbólica en esta propiedad privada, es castigada con la cruel injuria a la autoestima del varón. La sexualidad reprimida sostiene el mandato de la necesaria fusión entre amor y sexualidad. La sexualidad represora sostiene el mandato de la necesaria escisión entre amor y sexualidad. Ambos mandatos, en su aparente contradicción, sostienen la abolición del deseo, como la ley que aprobó el parlamento europeo en los dichos de Joaquín Sabina. Todo este mecanismo cultural que intenta organizar el devenir sexual de las masas, es capturado por la mercantilización y comercialización de los cuerpos. Como se verifica en toda mercancía, es la demanda la que genera la oferta, y no al revés. Nadie compraría un esclavo, si nadie ofreciera esclavos para comprar. Lo que sucede es que intervenir en la demanda, asegura que la rentabilidad de la oferta seguirá intocable, porque la justicia no es neutral. Como todos saben, los perejiles de turno son los que serán exhibidos como el producto de las campañas anti lo que sea, cuando las diferentes industrias y mercados ilegales siguen generando ganancias exorbitantes. Cualquier ley que se haga, habrá mas trampas que leyes. La única forma de armonizar la sexualidad de todos los géneros, es sosteniendo sin titubear la profecía del amor libre, libre en su dimensión de sexualidad placentera. Pero la posmodernidad ha construido al falso profeta del placer individual y permanente. La violencia y la crueldad, en sus formas larvadas o manifiestas, son producto de la frustración crónica y ascendente de amores y placeres aplastados. El extravío moral y mental de psicópatas y perversos, no alcanza a explicar ni un caso sobre cien de violencia sobre la mujer. El femicidio responde a matrices culturales represoras, tanto de la mujer como del varón. El Orden Patriarcal habilita que el varón humillado, domado, castigado, pretenda lavar su honor viril mancillado asediando, agrediendo y vulnerando a la mujer que no supo amar o cuidar. La sexualidad reprimida potencia la sexualidad represora. El varón paga por tener su placer, pero no tiene placer por pagar. Paga porque es mas cómodo acoplarse a un orden injusto, que pretender subvertirlo. La mujer prostituída, como estrategia de supervivencia, acepta ese pago que le permite sostener su existencia y otras existencias, ya que la cultura oficial ha dicho ausente con o sin aviso, hace años. La bomba de tiempo está preparada, y explota cada vez que se la pisa. Por eso no se trata en forma principal, aunque no deja de ser necesario consignar, de cuantas mujeres son asesinadas. Una sola que lo sea por su “ser mujer” es suficiente para sostener el concepto de “femicidio”. Para mí esto es importante, porque nos conduce inevitablemente a sostener que “matan a una, matan a todas”.
Alfredo Grande

sábado, 16 de julio de 2011

por favor mirala bien LA ESTAMOS BUSCANDO!!!

Estimados, necesitamos de su ayuda para localizar a MARIA CASH. Se trata de establecer el paradero de la joven María Cash, de 29 años, quien abandonó sorpresivamente su vida cotidiana, en Buenos Aires, para ir a un curso de meditación en la vecina provinc ...ia de Jujuy, al que nunca llegó. La mujer, desde hace algunos años se había iniciado en las actividades trascendentales del Sahaja Yoga, una práctica espiritual muy intensa que busca despertar lo que denominan "energía kundalini". Familiares de la desaparecida se encuentran en Salta siguiendo sus rastros, ya que en correos electrónicos reveló que estaría en la provincia. A las 19.40 del pasado lunes 4, María dejó el departamento en el que vivía, en el barrio de San Telmo, y partió sorpresivamente en colectivo a Jujuy, para realizar una práctica de meditación. Pero nunca llegó a destino. Misteriosamente, se sabe, abandonó el pasaje en Rosario de la Frontera, el martes 5, cerca de las 17. Los interrogantes continúan porque se constató que en la madrugada del miércoles 6 abordó un colectivo desde Santiago del Estero con destino a Jujuy. Esa tarde fue la última vez que se comunicó por teléfono con su madre, contó que no tenía dinero y que estaba angustiada, aunque añadió: "No puedo decir más". Ante cualquier información comunicarse con Máximo Cash al (011) 15.6980.0667.

miércoles, 13 de julio de 2011

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esto es un problema mundial donde las mafias actuan juntas